El sarro es básicamente ese "invitado no deseado" que aparece en forma de costras blancas o amarillentas en tus grifos y regaderas. No es falta de limpieza, es química pura.
Aquí te explico qué es y por qué parece tener un romance eterno con tu plomería:
¿Qué es exactamente?
El sarro es una acumulación de minerales, principalmente carbonato de calcio y magnesio. Cuando el agua tiene una alta concentración de estos minerales, se le conoce como "agua dura".
A diferencia del lodo o la tierra, el sarro se petrifica, creando una capa sólida que es difícil de quitar con una simple esponja.
¿Por qué se acumula en las llaves y regaderas?
Hay tres razones principales por las que tus baños son el blanco perfecto:
* Evaporación del agua: Cuando cierras la llave, siempre quedan gotas. Al evaporarse el agua, los minerales no se van al aire; se quedan pegados a la superficie. Gota a gota, estas capas se van apilando.
* Cambios de temperatura: El calcio se separa del agua mucho más rápido cuando el agua está caliente. Por eso notarás mucho más sarro en la regadera o en la salida del calentador que en las llaves de agua fría del jardín.
* Superficies metálicas y rugosas: El metal de las llaves y los pequeños orificios de plástico de las regaderas ofrecen el agarre perfecto para que los cristales de mineral comiencen a formarse.
¿Por qué es un problema?
* Obstrucción: Tapa los orificios de la regadera, haciendo que el agua salga sin presión o para todos lados.
* Corrosión: Con el tiempo, puede picar el acabado de tus llaves (especialmente el cromo).
* Estética: Hace que todo se vea opaco y descuidado, incluso si acabas de limpiar.
